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Una boda de noche, un perro como invitado de honor y el final de España-Uruguay en una gasolinera

21 08 2026 | Sin categorizar

Hay bodas que recuerdas por el sitio, otras por la cantidad de gente y algunas por pequeños detalles que hacen que todo sea diferente. Después de muchos años dibujando caricaturas en directo, al final no son las grandes cosas las que se quedan en la memoria, sino esas situaciones inesperadas que aparecen cuando menos lo esperas.

Esta fue una de esas bodas.

Era una boda de tarde que poco a poco fue convirtiéndose en una boda de noche. Empecé durante el cóctel, como suele ser habitual, mientras los invitados iban llegando, saludándose y disfrutando de los primeros aperitivos. Al principio siempre ocurre lo mismo: la gente mira desde lejos cómo dibujo a los primeros valientes. En cuanto ven salir las primeras caricaturas, empiezan a acercarse sin necesidad de llamar a nadie.

Aquella boda tenía además un invitado muy especial.

Era el perro de los novios.

No estaba simplemente por allí. Era parte de la celebración. Llevaba su pañuelo preparado para la ocasión y todo el mundo lo conocía. De hecho, hubo más de un invitado que me pidió hacerse la caricatura acompañado del perro.

Es curioso cómo cambian los dibujos cuando aparece una mascota. La gente sonríe de otra manera. Las poses salen más naturales porque el protagonista deja de ser únicamente la persona. Entre que el perro miraba a un lado, luego al otro o decidía levantarse justo cuando estaba terminando, las caricaturas acababan teniendo ese punto espontáneo que luego hace gracia cuando las vuelven a mirar.

Hubo incluso quien esperó un rato hasta encontrar al perro libre para poder posar con él.

Son detalles que hacen que cada boda tenga personalidad propia.

Mientras seguía dibujando empezó a caer la noche. Siempre me gusta trabajar también cuando oscurece. Cambia completamente el ambiente. Las luces del jardín, la música de fondo y la gente mucho más relajada hacen que las caricaturas se conviertan casi en una conversación. Muchos se sientan simplemente a descansar unos minutos mientras dibujo y aprovechan para preguntarme cuánto tiempo llevo dedicándome a esto, dónde trabajo normalmente o cuál ha sido la caricatura más difícil que me ha tocado hacer.

Al terminar el servicio recogí todo el material y emprendí el viaje de vuelta.

Ya era bastante tarde.

Como ocurre muchas veces cuando vuelves de una boda, todavía llevas en la cabeza todo lo que ha pasado durante la noche. Los invitados, las conversaciones, las risas cuando alguien enseñaba su caricatura al resto…

Entonces apareció otro momento curioso.

Quedaban pocos minutos para que terminara el partido entre España y Uruguay del Mundial. No había visto absolutamente nada porque durante los eventos es imposible estar pendiente del móvil. Cuando encontré una gasolinera abierta decidí parar unos minutos.

Entré y allí estaban varias personas mirando la televisión que tenían colgada detrás del mostrador. No conocía a nadie, pero durante unos minutos todos estábamos pendientes del mismo final de partido. Algunos repostaban sin apartar la vista de la pantalla, otros comentaban la jugada como si se conocieran de toda la vida.

Fue una escena bastante peculiar.

Venía de una boda elegante, con caricaturas, vestidos y música, y unos minutos después estaba viendo acabar un partido de fútbol rodeado de desconocidos en una estación de servicio.

Supongo que ese tipo de contrastes forman parte también de este trabajo.

Hay quien piensa que ser caricaturista consiste únicamente en sentarse a dibujar durante unas horas, pero alrededor de cada evento pasan muchas cosas. Hay kilómetros de carretera, conversaciones con personas que probablemente no volverás a ver, lugares diferentes cada fin de semana y pequeñas historias que aparecen sin buscarlas.

Al final, cuando alguien me pregunta qué recuerdo de una boda concreta, muchas veces no respondo hablando del número de caricaturas que hice.

Recuerdo al perro que se convirtió casi en un invitado de honor.

Recuerdo las caras de quienes esperaban su turno mientras se reían viendo los dibujos de los demás.

Y también recuerdo perfectamente aquel final de España-Uruguay visto desde una gasolinera, todavía con el bloc de dibujo guardado en el maletero.

Son esas pequeñas escenas las que hacen que ningún evento sea igual al anterior. Y probablemente por eso, después de tantos años, sigo disfrutando tanto de este trabajo.

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