Hay trabajos que llevas semanas preparando y otros que aparecen casi de un día para otro. Esta fue una de esas ocasiones.
La confirmación llegó prácticamente el día anterior. Hoteles Barceló quería tener un detalle con los trabajadores de su establecimiento La Nucía Hills para agradecerles sus cinco años de excelente servicio. Una celebración sencilla, con un buffet para todo el equipo y una sorpresa diferente: que cada uno se llevara su caricatura.

Cuando aceptas un trabajo con tan poco margen, sabes que va a tocar improvisar un poco. Preparar el material, organizar el viaje y confiar en que todo salga bien.
Y así fue.
La forma de trabajar tampoco era la habitual. En lugar de instalarme en un punto fijo para que la gente fuera pasando, decidimos que lo mejor era acercarme yo a los empleados mientras disfrutaban del buffet. Así nadie tenía que levantarse de la mesa ni perderse la comida por esperar su turno.

Eso significaba trabajar prácticamente todo el tiempo de pie, con el tablero colgado al hombro, buscando un hueco libre donde sentarme unos minutos para terminar cada caricatura antes de moverme a la siguiente mesa.
Es una forma de trabajar bastante más física que la habitual. Al final acabas recorriendo todo el salón varias veces, saludando a unos, buscando a otros y adaptándote continuamente al ritmo del evento.
Aun así, tiene una ventaja importante: el ambiente es mucho más natural. La gente sigue conversando, riendo y disfrutando de la comida mientras va apareciendo su caricatura. Muchas veces ni siquiera son conscientes de que ya les ha llegado el turno hasta que me siento a su lado.
En celebraciones de empresa suele ocurrir algo curioso. Al principio algunos compañeros dicen que no quieren posar o que prefieren dejar pasar a otros. Pero en cuanto empiezan a aparecer las primeras caricaturas sobre las mesas, cambian de idea enseguida. Todos quieren llevarse la suya y, sobre todo, compararla con la de los demás.
En esta ocasión el tiempo era el mayor reto. Había que llegar a todos antes de que terminara la celebración.

Fui calculando el ritmo durante toda la tarde, procurando no entretenerme demasiado con cada dibujo pero sin perder la esencia de la caricatura. Cuando trabajas así, la experiencia ayuda mucho. Aprendes a detectar rápidamente los rasgos más característicos de cada persona y a sacarles partido en pocos minutos.
Al final, el objetivo se cumplió.
Dio tiempo a dibujar a todos los trabajadores que participaron en el evento, algo que siempre deja muy buen sabor de boca tanto a la empresa como a los propios empleados. Nadie se quedó sin su recuerdo de aquella celebración.
Esta vez apenas pude hacer fotografías. Entre llevar el tablero al hombro, moverme constantemente de una mesa a otra y aprovechar cualquier silla libre para dibujar, prácticamente no hubo un momento tranquilo para sacar el móvil.
Pero muchas veces ocurre eso. Los eventos más intensos son precisamente aquellos de los que menos imágenes conservas. Lo que queda es la experiencia y la satisfacción de haber cumplido el objetivo, incluso cuando todo se organiza con apenas un día de margen.
Son jornadas que recuerdan que, detrás de cada caricatura, también hay organización, adaptación y muchas horas de dibujo. Y cuando al terminar ves que todos se marchan con una sonrisa y su caricatura bajo el brazo, el esfuerzo merece la pena.
