Una de las preguntas que más me hacen cuando dibujo en directo es sobre los materiales que uso. Mucha gente piensa que existe un rotulador “color carne”, otro para el pelo rubio, otro para el castaño… y realmente no funciona así.
Después de muchos años haciendo caricaturas, he acabado utilizando una paleta bastante reducida para elementos externos al rostro, pero muy rica para lo importante, y lo importante no es tener cientos de colores, sino combinarlos y usar sus tonos.

En mi caso trabajo con tinta al alcohol para el dibujo de línea y pasteles para aplicar el color. Son materiales muy rápidos y rotundos, algo imprescindible cuando tienes que terminar una caricatura en pocos minutos delante de la persona.
La piel nunca es de un único color
Cuando observas a una persona con atención descubres que la piel cambia constantemente según la luz, la edad o incluso la circulación de la sangre.

Hay zonas más cálidas, otras más frías y otras con pequeñas sombras que modifican completamente el aspecto del rostro.
Por eso suelo empezar con un tono base bastante suave.
Después voy añadiendo otros colores muy ligeramente. Un poco de rosa puede dar vida a las mejillas. Un toque de ocre ayuda a crear volumen. En algunas sombras aparece incluso algo de violeta o gris azulado, aunque el espectador casi no llegue a percibirlo conscientemente.

No se trata de copiar exactamente el color de la piel, sino de conseguir que parezca natural.
Muchas veces utilizo cuatro o cinco colores donde, aparentemente, solo se aprecia uno.
El pelo es todavía más complejo
Con el pelo ocurre algo parecido.
El error más habitual es pensar que una persona morena tiene el pelo negro.
En realidad casi nunca lo es.

Un cabello oscuro suele contener marrones, ocres, grises e incluso reflejos azulados dependiendo de la iluminación.
Con los rubios ocurre justo lo contrario. Si se colorean únicamente con amarillo, el resultado suele parecer artificial.
Normalmente mezclo amarillos muy claros con ocres, sienas y algún tono gris o crema para romper esa uniformidad.
Los pelirrojos también tienen muchísimos matices. Entre el naranja intenso y el castaño rojizo existe una enorme variedad de tonos.
Al final el objetivo es que el color sugiera el tipo de cabello sin necesidad de copiarlo exactamente.
La importancia de las sombras
Muchas veces el parecido no depende tanto del color principal como de las sombras.
Una sombra bien colocada cambia completamente un rostro.
Con los pasteles esto resulta especialmente cómodo porque permiten superponer colores sin dejar bordes demasiado marcados. Puedes añadir un tono encima de otro hasta encontrar el equilibrio adecuado.
En caricatura esto es importante porque el dibujo ya exagera determinados rasgos. Si además el color resulta demasiado duro, la expresión pierde naturalidad.
Menos colores de los que parece
Cuando alguien ve mi caja de pasteles suele sorprenderse porque no es especialmente grande.

La mayoría piensa que hacen falta cientos de colores distintos para dibujar personas.
Cada cierto tiempo los reviso y pruebo combinaciones nuevas, y saco los antiguos.
Lo que cambia es la proporción entre ellos.

Un mismo pastel puede servir para una piel clara, una piel muy morena o incluso para reflejar una sombra sobre una frente. Todo depende del resto de colores que lo acompañen.
Con el tiempo acabas aprendiendo casi de memoria qué combinación funciona mejor para cada tipo de rostro.
Dibujar deprisa obliga a simplificar
En un retrato de estudio puedes dedicar horas a ajustar cada matiz.
En una caricatura en vivo no existe ese tiempo.
Mientras la persona está sentada delante de ti tienes que decidir rápidamente qué colores utilizar y dónde colocarlos. Muchas decisiones salen ya de forma automática gracias a la experiencia.
No buscas reproducir todos los detalles, sino captar la sensación general de la persona.
Curiosamente, cuando eso se consigue, el parecido suele ser mayor que intentando copiar absolutamente todos los colores reales.
Al final, la elección del color es una mezcla entre observación y práctica. No existen recetas universales ni un único tono para cada tipo de piel o de pelo. Cada persona refleja la luz de una manera distinta, y precisamente ahí está una de las partes más interesantes de hacer caricaturas. Después de miles de dibujos, sigo descubriendo pequeñas combinaciones de color que me sorprenden y que acaban encontrando un hueco en la siguiente caricatura.
